24/8/16

Partido

Recuerdo haberme reído cuando escuché a Alexis decir, después del partido contra Uruguay, que no sentía las piernas. No porque no le creyera, no porque me pareciera una excusa barata, no porque, como a algunos, me hiciera gracia su forma de expresarse. Todo lo contrario: me reí porque ese weón, profesional, exitoso, admirado por miles y millones, decía haber experimentado lo mismo que un pichanguero cualquiera jugando con sus amigos una liga amateur un jueves en la noche. Un pichanguero como yo, que, en este momento, precisamente en este momento, no siente las piernas.

Es frustrante la weá. Ahora, por ejemplo, que la pelota viene hacia mí, veo claramente, como si fueran adelantos de una película que se estrenará en un futuro lejano (teaser trailer, le pusieron ahora), lo que pasará: trataré de controlarla pero no podré, me rebotará con excesiva fuerza en el borde interno y le quedará peligrosamente cerca al 7, que si está atento, y ha estado atento todo el partido el conchasumadre, se quedará con ella y me encarará, y yo, que como dije, no siento las piernas, trataré de ir a quitársela solo para quedar pagando. No será todo tan malo, en todo caso: el trailer que me muestra que vendrá algún compañero a arreglar mi cagada y que al final no pasará nada grave. Me ganaré una puteada, un vamos vamos weón, más atento, y el partido seguirá su curso.

Quizás ese es el problema. No estoy para nada atento. Me cuesta mucho, de hecho, estar atento en un partido, a pesar de que juego desde que tengo memoria (podría decir que nací jugando: es una mentira, por supuesto, pero uno nace para sí mismo cuando empieza a recordar, y lo que no es mentira es que juego desde que tengo memoria) y que ya debería estar acostumbrado. Pero no. Supongo que Alexis si puede hacerlo, entrar cien por ciento enchufado, pero a mí me cuesta, puta que me cuesta. Mi estrategia para mantenerme concentrado es escuchar música antes del partido y escoger alguna canción que considere apropiada para la situación, para tenerla pegada mientras juego. Es una estupidez, pero una estupidez significativa: al final, juego de una cierta forma dependiendo de la canción que elija. Si la canción es tranquila jugaré a lo Charles Aránguiz, equilibrado, corriendo igual harto pero no en exceso, quitando y presionando pero también moviendo la pelota, con buenos pases y quizás hasta algunos lujitos por aquí y por allá; si es más movida, jugaré más como el Huaso Isla, medio (bastante) tronco pero compensando con correr harto, metiendo pierna fuerte y cumpliendo sin brillar; y si es una canción reflexiva, jugaré a lo Marcelito Díaz, lentito, un toque o máximo dos, la media vuelta y soltarla, pases al pie o pases largos pero precisos, moviéndome poco pero eficientemente. De todas formas, mis canciones favoritas son las de Digimon, porque tienen la mezcla perfecta de motivantes y nostálgicas. Con esas, juego a lo Mati Fernández, crack de cracks, aunque el weón arrugara cuando fue a Europa, y aunque fuera del Colo. Maldito Mati, tenía que ser del Colo.

El punto es que pa este partido no escuché nada y aquí estoy. Pensando en una conferencia del Alexis y en qué hubiera pasado si. Ya no vale la pena. Más me valdría gastar estos segundos en ponerle atención a la pelota culiá. A todo esto, el trailer tenía razón, pasó justo lo que dijo que iba a pasar. Claro, el único trailer que cumple las expectativas es justo el en que aparezco mandándome una cagada. Ojalá Batman v Superman o Suicide Squad hubieran cumplido con los suyos.

Un compañero le pregunta al árbitro cuánto queda. Buena, dos minutos, no es tanto. El entretiempo es cortito en estos partidos de 20 por lado, pero puta, es suficiente como pa pedirle a alguien algún celular y escuchar algo. Lo que sea. A esta altura no estoy pa regodearme. Se me acaba de ir otro pase a la chucha. Ya es demasiado.

Un minuto treinta. Igual ya puedo respirar tranquilo. Atacamos nosotros y yo estoy atrás, por si el rebote le queda a alguien pa venir a la contra. Si tengo suerte, nos vamos a quedar en su arco en lo que queda, si saliera algún córner sería la raja, y si no tengo y la pelota me viene, a reventar no más, ya queda un minuto y no es momento para regodearse.

No vino, menos mal.

Ni siquiera sé cuánto vamos. Sé que regalé dos goles, de esos me acuerdo clarito, pero tengo una noción lejana, como si hubiera tenido puesto el partido en la tele mientras hacía alguna otra cosa, de que también nosotros metimos dos o más. No sé en verdad. Prefiero no preguntar y no ganarme algún reto, pa qué. Salgo rápido, me mojo la cara, conchamimadre acabo de cachar que estoy cansado, raja, seguramente no paré de correr mientras pensaba tanta weá. Me siento en una banca que hay cerca de los camarines, y le pido el teléfono a un compañero que tiene el bolso por ahí cerca. No hay tiempo para buscar audífonos, ni siquiera para entrar internet a cargar alguna canción de mi elección; así como va la cosa, necesitaría una dosis intensiva de Digimon 3, Conan y el ending de Slam Dunk. Pero no alcanzo. Me meto al reproductor, le pongo el aleatorio, y me preparo para lo que salga.

Reggaeton old school. Tranqui. Afírmense cabros, que se viene el Rey Arturo.

18/7/16

Te quise más

Te lo digo porque así funciona weón, así funciona, uno dice lo que no quiere tener dentro, uno dice lo que quiere sacarse, lo que quiere borrar, lo que no quiere creer weón, por eso te lo digo, por eso te decía, no porque quisiera que fuera cierto, ¡no! Obvio que nadie quiere amar más a alguien, nadie quiere esa weá, porque termina todo mal po weón, así, termina justo así, y todo por tu culpa weón, por mentirme, por contestarme de vuelta, por decir lo mismo sin sentirlo, por cumplir, maricón, eso eres, maricón, cobarde, hijo de puta, si hubieras hablado de frente desde el principio nada de esto estaría pasando, no me hubiera enamorado de ti, no me hubiera metido contigo, ¡no hubiera pasado nada weón! Hubiera seguido tranquila y no estaría gritándote por saco de weas, por mentirme en mi cara, por decirme “Violeta, te amo” mientras no sentías nada weón, nada. ¿Me quisiste alguna vez? ¿Sentiste alguna vez lo que sea, cosquillas, mariposas, esas pendejadas, sentiste aunque sea eso por mí? Oye weón, por último mírame cuando te hablo, si estay terminando conmigo, si estay arrancando detrás de otra weona, si me vay a dejar sola después que di todo por ti weón, al menos ten la decencia de mirarme a la cara. No entiendo weón, de verdad que no. ¿Qué mierda te hice? ¡¿Qué-mierda-te hice?! Aparte de hacer todo lo que quisierai, aparte de dejar que te metierai a mi cama, de chuparte el pico media hora porque la weá no se te paraba, aparte de que viajaras conmigo y mi familia, de dejarte dormir en mi casa porque a vos no te daba ni pa pagarte una hostal, aparte de quererte como nunca había querido a nadie weón, ¡qué mierda te hice! Dime algo, lo que sea, dame algo de qué agarrarme weón, si me vay a dejar acá, en nada, sin nada, llorando porque me enamoré de alguien que no se enamoró de mí, al menos dame algo weón, una razón, una idea, una mentira que sea, ¿o ni siquiera te importo tanto como para mentirme? Me mentiste dos años weón, dos putos años, diciéndome weás lindas, que era importante, que no sé qué weá, miénteme ahora weón, miénteme, dime que algo de mí no te gusta, que te carga mi voz, que mi pelo te da alergia, que mi risa te enferma, que soy muy celosa, alguna weá, aunque sepa que es mentira weón, ¡dime alguna weá!

Y pensar que te quise weón, que te quise tanto, que te quise más. De todas las weás que te decía, esa era la única que no quería que fuera cierta. Nadie quiere querer más, nadie, si te lo decía era porque me encantaba escucharte contestarme que no, que me equivocaba, que el que amaba más al otro eras tú, me encantaba escucharlo, pensar “si yo lo amo tanto, tanto, y él me ama más, no hay de qué tener miedo”. Contigo no tenía miedo, porque me amabas weón, me amabas más, nada podía estar mal si me amabas tanto. Pero no, ¿cierto? Nunca me amaste. Quizás ni siquiera me quisiste. Mira las weás que digo, obvio que no me quisiste, nadie al que le importe otra persona puede hacerle lo que tú me estay haciendo. ¡Te dije que me mires, por la mierda! ¡Hazte cargo de las weás alguna vez en tu puta vida! ¡Me mentiste, me usaste, para que apenas salga una weona con más plata, más tetas, más culo, te vayai detrás de ella, te pegues a ella como el parásito que eres, sin pensar que me estay haciendo mierda, weón, mierda! ¡Qué weá te creís! ¡Mírame! ¡Mírame conchatumadre, mírame! Ah, ¿ahora hablai? ¿Qué, qué weá, que baje esto? No weón, no la voy a bajar, no me vay a volver a dar órdenes, yo tomo la weá que quiera, ¿me escuchaste? ¿Qué? ¡Habla, mierda! ¡Mírame, habla, haz alguna weá! Perdón, perdón, ¿qué? ¿Te vai? Ah no, eres realmente un idiota weón, tú no te vai a ningún lado, no te vai weón, hey, weón, te estoy hablando, no te vai a ningún lado, ¿me escuchaste? Te estoy apuntando Ricardo, no me des la espalda, no me des la espalda conchatumadre, ¡no me des la espalda! ¡No me des la espalda! ¡No me des la espalda weón, date vuelta conchatumadre, date vuelta! ¡Date vuelta! ¡Date

25/3/16

Sobre "Batman v Superman: Dawn of Justice"

“El trabajo del crítico es sencillo en más de un sentido. Arriesgamos muy poco, y sin embargo usufructuamos de una posición situada por encima de quienes someten su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a nuestras críticas negativas, que resultan divertidas cuando se las escribe y cuando se las lee.

Así parte Ego su crítica en Ratatouille, en una reflexión que excede no sólo el contenido de la película, sino a la cocina misma, abarcando todas aquellas disciplinas en que el trabajo de terceros queda a merced de los críticos correspondientes.

Me fue inevitable recordar esta frase tras leer las numerosas y variadas críticas que recibió “Batman V Superman: Dawn of Justice” los últimos días. No sólo por el altar egocéntrico desde la cual se han escrito algunas de ellas, con un afán de superioridad técnica e intelectual por sobre el resto de los mortales, sino por el efecto que dichas críticas tienen: como si fueran las palabras de dioses, sus sentencias parecieran ser sagradas para quienes no ostentan el título de “críticos”. Esto provoca prejuicios y predisposiciones de quienes se aproximan a los comentarios antes de ver la película, en un efecto, una reacción en cadena. Si ves algo pensando de antemano que será malo, es altamente probable que lo sea.

El tema central es precisamente ese: las predisposiciones. Leyendo lo que se ha escrito, es evidente que se ha visto la película con lentes de Marvel puestos. Y no me sorprende. Marvel ha dominado por años la escena de superhéroes en el cine, y es obvio que cualquier película del género se medirá con la vara que ellos han puesto. El Batman de Nolan pareció cambiar eso por un momento, sobre todo con Dark Knight, pero no fue una arremetida coordinada de DC sino una escapada en solitario; y un jugador, por muy bueno que sea, nada puede hacer contra un equipo bien armado. Así, BvS ha sido evaluada por los criterios que Marvel impuso.

Y ahí, obviamente sale perdiendo. Porque BvS no es un intento de seguir las reglas de otros: es DC tratando de fijar sus nuevas reglas, únicas y distintivas, de sentar un tono, un ritmo propio. Peca, en ese sentido, de orgullo. Era evidente que al público masivo no le gustaría la película, no al que ha visto películas de Marvel por tanto tiempo, sin estar familiarizado con lo que es DC, sus personajes y sus historias. La seguridad en sus contenidos, en sus personajes y en su universo, y la confianza en sus fanáticos, alejan a la película de la popularidad que los dos personajes protagónicos merecen, porque se centra demasiado en guiños y señales que un gran porcentaje de quiénes vean la película no captará.

Porque la película es una joya de pistas y referencias que los entendidos disfrutarán como no han disfrutado ninguna película hasta ahora, pero que los que conocen a Batman, Superman y demases únicamente por su relevancia en la cultura popular, sin adentrarse más en sus historias, personalidades y conflictos, no encontrarán nada de lo que afirmarse durante gran parte de una trama que se basa en insinuar lo que vendrá después. El enfrentamiento no es lo más importante, sino el “Dawn of Justice”, y la película sacrifica parte de su propio encanto y coherencia, para prometer lo que será el encanto y coherencia de las películas siguientes del DCEU (DC Extended Universe).

El resultado es una película con problemas narrativos y rítmicos, sin duda, sobre todo en su primera parte, pero que presenta tanta información, insinuaciones prometedoras, cameos y líneas calcadas de los cómics, que quiénes sean capaces de captarlo todo perdonarán cualquier error existente. BvS es, finalmente, una película de fans para fans, apuesta arriesgada para un estudio que fijó en esta película el punto de partida de un universo fílmico. Como primera película, su objetivo debería haber sido captar nuevos seguidores, y no centrarse en dar en el gusto a los que ya tenía.

Sobre otros elementos de la película es difícil decir algo: incluso las críticas más negativas coinciden en que las actuaciones, la música y la fotografía dan el tono. Affleck interpreta perfectamente a un Bruce Wayne envejecido, atormentado y obsesionado, y a un Batman increíblemente diseñado en coreografías e imagen; Henry Cavill cumple con el Superman que le piden, más allá de que no sea el que todos quieren ver; Jesse Eisenberg puede ser amado u odiado (como la película misma), pero sin duda su actuación da que hablar, con un Lex Luthor diferente, pero no por eso menos encantador e, incluso, aterrador en ciertas partes; Gal Gadot promete como Wonder Woman; y los personajes secundarios son sólidos, con líneas bien asignadas y pensadas, con intervenciones medidas y que aportan lo que tienen que aportar. Asimismo, hay secuencias que por sí solas merecen reconocimiento, que no mencionaré por el espíritu de no spoilear una película que debe ser vista sin conocimiento previo.

La conclusión es una sola: hay que ver “Batman v Superman”. Pueden odiarla, pueden amarla, pero hay que verla.